viernes, 9 de agosto de 2013

Capítulo 29

¡Hola blogueras! Bueno, lo primero es agradeceros a todas las que os habéis unido y, por supuesto, a todas las que estáis ahí desde el principio. Voy a deciros que he adelantado los dos capítulos para no publicar mañana ninguno porque vamos a cambiar el internet y me temo que mañana no podré conectarme ¿vale? Así que hoy subiré los dos capítulos. Me alegro de que esta novela sea un éxito y que os guste tanto. Gracias. ;)

Capítulo 29

Son las cinco de la tarde, voy en el taxi con David, el taxi que nos llevará al Fnac para la firma de discos.
Él y yo estábamos alojados en el hotel de San Sebastián, en habitaciones compartidas, no teníamos más remedio ya que Magí no tiene ni idea de lo que pasa entre nosotros. Bueno, lo que pasaba.
Anoche Álvaro habló conmigo por télefono, me dijo que nos lleváramos bien y que no intentáramos levantar sospechas de que estábamos enfadados. Primero me pidió que me disculpara con David por haberle hablado así, pero no acepté. Ahora creo que debería hacerlo, de todas maneras no podemos estar enfadados toda la vida porque, en fin, estamos en el mismo grupo. Sería muy complicado. Si vamos a acabar separados, lo mejor sería acabar bien ¿no? Me aliso el vestido de rayas azul y blanco y me quito uno de los cascos.
-David-le digo, él se quita sus cascos y me mira, sin sonreír. Hace tanto tiempo que está así- Verás era por si me podías decir si tenemos que ir a otra firma en esta semana.
No era eso lo que quería saber, en realidad quería saber si seguía enfadado conmigo. Y, por supuesto, pedirle perdón. Pero no me atrevo aquí, no con el taxista de por medio. Parece que va su bola, pero por si acaso..
-Pues sí. El veintitres y el veinticuatro tenemos que ir a no se dónde a dar conciertos, creo.
-Ah, vale. Y, ¿sabes si tendremos que ensayar?
-Pues no lo sé, pero supongo que sí.
Se vuelve a poner los cascos y pasamos el resto del camino en silencio.
Cuando llegamos a nuestro destino, él coge su cartera para pagar la mitad del viaje, pero yo me adelanto y lo pago todo yo. Él se queda como asombrado, entonces coge su mochila y sale del taxi sin despedirse.
Yo cojo mi bolso y me despido del taxista, mientras salgo del coche.
-Eh, David-le grito, pero él no se para. Corro hasta alcanzarlo y le agarro el hombro- David.
Se quita los cascos y me mira desafiante.
-¿Qué quieres?-me pregunta en tono brusco.
-Bueno, que tú estás enfadado conmigo no con el mundo. Así que al menos, podrías haberte despedido del taxista, ¿no?-sigue sin responderme así que pruebo con otra táctica- Mira, lo siento. Siento haberte gritado la otra noche en el hospital y siento haberme comportado como una niña pequeña ¿vale? Es que me gustas, me gustas mucho, muchísimo y supongo que vi peligrar nuestra relación después de que me dijeras que necesitabas tiempo. No comprendí lo que querías decir hasta ayer y entiendo que no quieras nada conmigo después de todo lo que ha pasado. Lo siento mucho.-digo avergonzada- ¿Me perdonas?
-Sí-responde finalmente- Te perdono. Y, sinceramente, no quiero dejar de tener algo contigo definitivamente, pero necesitaré tiempo. ¿Lo entiendes?
-Sí, ahora sí- respondo sonriendo.- Anda, vamos a tomar algo antes de la firma, 'amigo'.
-Vale, 'amiga'.-responde riendo.
-Oye, tengo una idea. ¿Los auryners no nos traen siempre cosas?- él asiente- ¿Y si, por una vez, somos nosotros los que les llevamos algo a ellos?
-¿Qué tramas, pequeña?
-Ven-le digo, cogiéndole la mano-Vamos a hacer una cosa.
Voy preguntándole a varios transeúntes si conocen alguna tienda de golosinas, y poco a poco, me entero de que la que hay está casi al final de la calle.
David y yo vamos corriendo, teniendo en cuenta de que nos queda apenas media hora. Cuando llegamos a la tienda, estamos medio ahogados por la carrera y le explico a David lo que quiero que hagamos. Él coge una bolsa bastante grande y comienza a llenarla con lenguas de esas que pican y que, por cierto, odio.
Yo cojo una y la lleno con ositos de gominola. Después cojo otra y la lleno con ladrillos, después otra con pulpos, y así hasta que cada uno  tiene cinco bolsas de un dulce distinta.
Vamos a caja y pagamos, como todas van al peso, no nos salen demasiado caras.
Después volvemos corriendo al Fnac, con las manos llenas de las bolsas de chuches.
Nos metemos a toda prisa intentando esquivar a algunas auryners, que son las más 'locas', cuadno llegamos a la sala donde se realizará la firma, ponemos las bolsas sobre la mesa, les hacemos un boquete y nos sentamos en las sillas. Cada uno cogemos un rotulador y nos disponemos a firmar discos a todos los y las auryners. Mientras yo pienso en lo mucho que les gustará la idea. Será fantástico, todo el mundo acabará feliz hoy.
Al menos, eso era lo que yo pensaba.


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