Capítulo 88
-¡Buenos días! -saludo con una sonrisa nada más entrar a la cocina.- ¿Qué tal? ¿Bien?
-Ay, Coral cállate -dice Carlos con desgana- Madre mía qué dolor de cabeza.
-Eso os pasa por iros de fiesta toda la noche. Tienes un resacón...
-Que yo no quería, ¿eh? Pero fueron todos y, claro...
-Tú con tal de celebrar las nominaciones a los Neox Fan Awards...
-Ya que no lo pudimos celebrar en su fecha, lo tendremos que hacer ahora, ¿no?
-Claro. Y yo me quedo en casa porque soy menor. -protesto.- ¡No es justo! Por una vez, podríais ir a cenar o algo en vez de iros de litronas.
-Déjame, que estoy muy cansado -dice apoyando la cabeza sobre la mesa.- No he dormido casi nada.
-Pero, ¿a qué hora has llegado? -pregunto mirando el reloj.
-A las ocho y media o así. -dice para después añadir- Estoy más cansado...
-Normal. Si son las diez. No te habrás dormido en la cocina, ¿no?
-No sé, déjame -pide otra vez.
-Anda, vete a tu habitación y echate en la cama porque estás...
-Vale... -dice andando a duras penas saliendo de la habitación.
-¿David ha llegado bien? -pregunto.
-No sé. Yo me vine sin él. Pero supongo que sí. Desde la última vez tiene más cuidado. -me informa.
Con lo de última vez, fijo que se refiere a cuando se enteró de que Dani me quería.
-Ah, vale.
Se va a su habitación y yo busco algo rápido para picar. Lo mejor serán unos cereales. Cojo unos de bolitas de chocolate y los hecho en un bol. Me voy hacia la nevera a por un cartón de leche, pero no hay, con lo que odio la leche fría...
Voy hacia el armario y allí tampoco hay. Fijo que se la han bebido toda preparando cola-cao.
Como ya me he servido los cereales, decido echármelos en un yogurth azucarado, que están muy buenos.
Cuando he terminado, voy a mi habitación y me visto. He de arreglar unos papelillos sueltos para el colegio. Escojo un vestido azul con unas sandalias, ya que no sé si habrá varios alumnos y tampoco sé la altura aproximada de la gente. Si ya soy un poco más alta que Ainhoa y ella tiene un año más, no quiero imaginar cómo será la gente de mi edad.
Entro a la habitación de Carlos, ya que María José está en el sofá. Veo a Carlos dormido. Decido no despertarle, pobrecillo, así que voy hacia la puerta de la entrada.
-¿A dónde vas? -me pregunta María José.
-A arreglar unos papeles -susurro- Y quitale voz a la tele que tu niño está durmiendo.
-Vale -dice bajando el volumen- Eso es lo que me da coraje, que yo no pueda ir de fiesta con él.
-Ya tendrás tiempo, ya. Por cierto, ¿sabes dónde está Ainhoa?
-Ni idea. -niega con la cabeza.
-Bueno... me voy, que llego tarde. Adiós.
Cuando llego a la calle, voy hacia la parada del autobús, pero éste ya se ha ido. Como no quiero esperar otros diez minutos hasta le siguiente, voy andando, ya que el colegio no está tan lejos de casa.
Justo cuando paso por una calle, me doy cuenta que es la de la casa de Blas. Un momento, ¿no es ese? ¿Ese que se baja del coche? Hago ademán de correr, pero veo que cierra la puerta del coche enfadado y entra en su casa. ¿Qué le pasará?
El coche rojo acelera y, en menos de cinco segundos, ya ha atravesado la calle.
Continúo como si no hubiera pasado nada, si Blas quiere, que me lo cuente, y si no, pues ya se lo sonsacaré cuando estemos de gira. De todas maneras, le tocará dormir conmigo pronto, así que...
Llego a al puerta del colegio. Lo miro desde fuera. Parece un sitio grande, pero su patio es pequeño. Si nos sacan al patio durante los recreos, supongo que será por cursos, porque todos no cabremos.
Varios chicos, de unos quince o dieciséis años, entran al colegio. También hay otros de doce, trece o catorce que lo hacen acompañados de sus padres, demasiada gente hay, diría yo, para estar en pleno agosto.
-Buenos días -saludo a la mujer de conserjería- ¿Me podría indicar dónde está secretaría, por favor?
-Sí, claro. ¿Ves ese pasillo del final? -yo asiento-, pues giras a la derecha y allí hay una ventana, pegas, la abres y ya te atenderán.
-Vale. Muchas gracias -digo esbozando una sonrisa.
Me dirijo hasta el pasillo y giro a la derecha, pero no veo ninguna ventana. Quizás me halla equivocado. Miro a ambos lados, pero en los pasillos no veo ninguna ventana. ¿Me lo habrá dicho mal la mujer?
-Hola -saluda un chico- Esto... Pareces perdida, ¿te puedo ayudar en algo?
-Sí, ¿me podrías decir por dónde se va a secretaría, por favor? Es que me lo han indicado pero creo que me he perdido.
-Sí, claro -dice esbozando una sonrisa- Es allí, al final del pasillo.
-Ah, vale. Es que me habían dicho que era por este pasillo, y claro, no lo he visto y me he preocupado. Muchas gracias. Adiós -me despido.
Llego a secretaría y hay una cola bastante larga. Las chicas de trece o catorce años me miran demasiado y hablan con sus madres. Espero que no me hayan reconocido...
Una de ellas se acerca a mí, me mira descaradamente y vuelve con su grupito de chicas.
-Perdona -me dice una chica desde detrás- ¿Eres Coral, de Auryn?
-Esto...
-¡Coral! -me llama un hombre bastante más alto que yo y de unos cuarenta y pico años.- Ven, por favor.
-Lo siento -le digo a la chica- Me tengo que ir.
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